María José de Simón, Exposición ” Luto Riguroso”, Museo de Arte Abstracto Manuel Felguerez , Zacatecas.

Convocatoria VISUAL OPEN CALL 2014 para el Festival MIRA, Barcelona
01/04/2014
CONVOCATORIA MUESTRA LIBRO DE ARTISTA
02/04/2014

María José de Simón, Exposición ” Luto Riguroso”, Museo de Arte Abstracto Manuel Felguerez , Zacatecas.

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Planimetrías inconclusas
A propósito de María de José de Simón Casuso
Luis Ignacio Sáinz

Posar la mirada en los cuadros de María de José Simón Casuso nos proporciona una recompensa inesperada: el encuentro con la belleza y sus manifestaciones todavía es posible, a pesar de los dolores y acechanzas de la vida moderna. Nuestra artista se preocupa, y además se dedica con éxito, a recorrer los senderos de una creación directa; esa que renuncia a refugiarse en las coartadas de la reflexión y los falsos intelectualismos. Surge y aparece para hacernos más fácil e intensa nuestra experiencia vital. Tal vez porque la realidad en ocasiones duele se ha alejado de la representación figurativa, como si se sintiese más cómoda en el mundo de las formas espontáneas, de los trazos libertarios. Elude entonces, las trampas de una razón que ha perdido humanidad y armonía; privilegiando la fiesta de los sentidos y una suerte de caos visual, a veces más saturado de color, en ocasiones de marcada sobriedad. En todo caso, y sus lienzos son prueba fehaciente de ello, siempre aparece una convicción en el dibujo, en el equilibrio de la composición. Habrá que insistir y precisar: el que su discurso icónico irrumpa en las telas con naturalidad, obedeciendo a una aparente facilidad creativa, no significa lirismo sin contención, ni combate a pensar e informarse. La gracia reside en otro sitio: independizar a la pintura de la complejidad innecesaria y el artificio que la convierte en ornato. Cultivar la mirada y el alma sí, aprovechando las bondades de la mente, pero sin que ello imponga la reclusión y el confinamiento. Canto a la vida. El arte como verdad trascendente que funciona como religiosidad práctica.

Nuestra cronista visual logra a plenitud su propósito: celebrar los destellos de felicidad, atesorar los instantes de plenitud. Lo asume y realiza en el territorio de su pintura. Se dedica a lo suyo, refugiada en una nueva e inquietante piel, la de sus planimetrías inconclusas. Tramos de mampostería que muestran sus vísceras, al botar sin miramientos el albayalde que las solía cubrir con pudicia. Se afana en encontrar su punto de reposo; uno que mantenga su autonomía frente a los estereotipos: lo mismo el preciosismo de ciertos abstractos norteamericanos (Mark Tobey, por caso) que el tachismo y su misticismo cromático (Pierre Soulages, como ejemplo). En tanto prefiguran cierto gusto por lo arquitectónico, de allí esa proximidad con planos y mapas, sus obras son capaces de ofrecer profundidas y perspectivas, anhelos de espacio. Quizá en este sentido podría sugerirse que son evocativos: rescoldos de lo que fue, rastros de misterios incapaces de ser revelados, máscaras del deseo. Así de atractivas comparecen las fábricas de esta silenciosa creadora que transformó sus palabras en imágenes, en signos versátiles que predican un mundo irremediablemente suyo, íntimo, imposible de ser descifrado de un golpe, pues precisa de tiempo y paciencia, como todo lo que vale la pena. Su obra nos convida una cadencia suave, sintónica, urdida por conjeturas maculares que forman planos y retículas, carente de un significado único y cerrado, abierta a la aprehensión plena de quien la atisba y –en consecuencia- a ser nombrada desde la peculiaridad de la mirada que la fatiga e intenta fallidamente estrujarla.

Quien observa semejante despliegue plástico tendrá el privilegio de toparse con un vocabulario abstracto por naturaleza, sin imposturas o afectaciones, que procede mediante simplificación progresiva, renunciando a compartir un dictum-mensaje-kerigma y poniendo énfasis en la provocación sensible. Prescindir de la figuración debería ser un proceso de eliminación de lo accesorio y ornamental para que la expresión se vertebre alrededor de las formas puras que intentan rastrear sus identidades. Este modo de construir realidades virtuales también es histórico y por tal motivo sujeto a envejecer; y cuando tal desgracia acontece reniega de su condición para erigirse en género, con la misma cobertura legal cual si se tratase de capturar escenas de bodegón, lo que permite suponer -en el desatino radical- que se puede pintar a la Mondrian, la Still o la Rothko. Las técnicas mixtas y los acrílicos, lo mismo pasa con las estampas, de María de José de Simón Casuso evaden la comodidad de las categorías (p. ej., la elegancia o la serenidad o el equilibrio) para instalarse en sí mismas, funcionando de su propio e intransferible paradigma compositivo. Son genuinas y “naturales”, con una clara impronta constructiva y cartográfica. De allí la sugerencia de ordenar la serie que se expone en el recinto zacatecano bajo el título de Planimetrías inconclusas.

 Apreciar su lenguaje en el contexto del Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez facilita su disfrute y acaso comprensión; dialoga con muchos de sus pares, se acerca a algunos más y con otros, como se dice popularmente, pinta su raya. Se percibe su fuerza y temperamento que brota desde el fondo de sus composiciones, donde la superposición de planos, la degradación de una paleta fría, la contención creciente del color en tanto solución, la presencia del esgrafiado como señalética de una hipotética senderización óptica y –sobre todo, para mi personal deleite- el imperio de los blancos registrados a la manera de un catálogo de tonos perlas, isabelinos o percudidos salpimentados de gris que evocan los caprichos de las yeserías, que rinde homenaje a sus raíces hispánicas, ya sean las de la pintura barroca que aquellas otras ancladas en el informalismo, en avenencia comedida con ciertas manifestaciones del Grupo El Paso.

 Su geometría sensible cada vez más está tentada a exiliar los colores rotundos, refugiándose en un réagir avec décalage de blancos, grises y negros. Avanza sin conceder cuartel, en muestras que consolidan su voz en el actual desierto de las formas vacías, apenas rebosantes de pretensión. Festeja los desplazamientos de la materia en sí mismos, como aconteceres mágicos que quiebran e interrumpen la monotonía de una cultura que pareciera entronizar una concepción de la moral como higiene. Ante esta devastación imparable, incluso el mecanismo que detona para nombrar sus piezas suena más a un divertimento que al obsequio de pista alguna que abastezca de coordenadas a la significación de sus fragmentos discursivos. Presenciamos una paradoja que se materializa en la imaginación estética. Ya lo había detectado Juan García Ponce: “La pintura no tiene profundidad, es una pura superficie. Pero el que viaja por esa superficie puede tocar el fondo”.

María de José de Simón Casuso, para su bien, habita una prisión fantástica, desde donde crea poniendo el alma en vilo: el territorio poético de Dédalo, de Jaime Torres Bodet*:

Enterrado vivo
en un infinito
dédalo de espejos,
me oigo, me sigo,
me busco en el liso
muro del silencio.

Pero no me encuentro.

Palpo, escucho, miro.
Por todos los ecos
de este laberinto,
un acento mío
está pretendiendo
llegar a mi oído.

Pero no lo advierto.

Alguien está preso
aquí, en este frío
lúcido recinto,
dédalo de espejos…
Alguien, al que imito.
Si se va, me alejo.
Si regresa, vuelvo.
Si se duerme, sueño.
“¿Eres tú?”, me digo…

Pero no contesto.

Perseguido, herido
por el mismo acento
-que no sé si es mío-
contra el eco mismo
del mismo recuerdo
en este infinito
dédalo de espejos
enterrado vivo.

Nuestra creadora yace en el laberinto de las formas, buscando salidas al cerco de la representación. En palabras de Elías Canetti “se levanta victoriosa en un campo de víctimas”; y mientras el escritor sefardita defendía su derecho a “vivir en la lengua”, pareciera que la artista española reivindicase su opción de “vivir en la pintura”. Se desplaza a sus anchas en el territorio de la pintura: es lo suyo, allí deposita su intensidad entera. Laboriosa y disciplinada, husmea entre sus propias imágenes y recuerdos, para encontrar solaz y amparo en la apuesta por lo bello. El arte se impone como modelo de verdad, en su geografía no requiere de agentes externos que le expliquen lo que es, ya lo sabe de antemano; en su gestualidad y ritmo natural de movimiento conquista su plena existencia. La armonía que convidan sus obras revela un cruce de caminos: el registro material de su vista, el modo en que observa literalmente la realidad y sus manifestaciones, con la mirada, la estrategia de comprensión del sentido y significado de lo real y sus transformaciones. Sin proponerse dar cátedra, eludiendo el solo triunfo del accidente, nos conmueve y al mismo tiempo nos muestra cómo el límite del cuadro se desvanece con el viaje de la línea, los puntos y los trazos, cómo también lo plano del soporte se modifica hasta construir perspectivas y profundidades inquietantes. Viaja en sus laberintos con libertad e inteligencia, ha hecho de ellos genuinos dédalos de espejos: reflejos y encuentros, sobreposiciones y fugas, presencias y fantasmas, son los habitantes de su pintura; y resultan espléndida compañía.


* Poema vertebral del libro Cripta (1937), de la autoría del más humilde de Los Contemporáneos.

Curaduría y museografía:
Jeannette Betancourt

Inauguración:
11 de Abril, 2014. 8,30 pm
Entrada Libre.
Hasta junio 2014.

Museo de Arte Abstracto Manuel Felguerez
Horarios: de 10:00 a 5:00, cerrado los martes.
Admisión General $ 20.
Calle Colon s/n esq.. Seminario. Zona Centro.
98000 Zacatecas. México
Tel. 014929220322

[email protected]
www.mariajosedesimon.com

Equipo CirculoA
Equipo CirculoA
Equipo editorial y de investigación de CÍRCULO A Información de Arte Contemporáneo en Iberoamérica

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