LA MATRIOSKA BUROCRÁTICA de Yunuen E. Díaz Velázquez

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LA MATRIOSKA BUROCRÁTICA de Yunuen E. Díaz Velázquez

LA MATRIOSKA BUROCRÁTICA

N. SAMARA GUZMÁN FERNÁNDEZ Y SU INSTALACIÓN
REGRESE MAÑANA EN EL MAZ

 

“Sólo cierta risa, cierta manera de burlarse de las cosas
permite resistir la grosería de la realidad”.
Horacio Castellanos Moya

Una fila conduce nuestros cuerpos entre líneas organizadas una tras otra, conformando las sinuosas vueltas dentro de un cuadrado laberintico en el segundo piso del museo. Estas hileras de espera nos anuncian ya, que el título de la obra va muy en serio, al acercarnos finalmente al vigilante sentado tras el escritorio que nos aguarda, éste amablemente nos ofrece llenar un formato y nos indica: “vuelva mañana”.

En el Estudio Abierto del Museo de Arte de Zapopan, N. Samara Guzmán Fernández ha recreado la pesadilla que día a día vivimos cuando intentamos realizar algún trámite administrativo, no se trata sólo de las dependencias gubernamentales, sino de casi todas las instituciones en las que están envueltas nuestras actividades cotidianas. Los bancos, las escuelas, el súper mercado y casi cualquier diligencia en nuestro país, requiere de estas largas líneas de espera; incluso espacios asociados a la diversión, se nos presentan con una serie de confusas pruebas que hay que superar antes de alcanzar nuestro objetivo.

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Pero, a diferencia de la experiencia diaria, donde la frustración nos deja en estado comatoso, la instalación que ha desarrollado N. Sámara Guzmán se convierte en una escena lúdica a la que uno se entrega con entusiasmo: ahí estamos, visitantes impacientes, abanicándonos con los formularios de un registro irrisorio, presos de esas hojas de papel autocopiante, sabiendo que no podremos ingresar a la sala principal sino tras otros cuestionarios sin sentido que se llenarán en una siguiente visita y sin embargo, una jocosidad se dibuja en nuestros gestos, un encanto satírico nos impulsa a seguir con este taimado juego.

“No hay comicidad fuera de lo propiamente humano.” Escribía Bergson, pues se trata de una situación de absoluta cotidianeidad, algo que sólo los humanos podríamos hacer con nuestra cultura, la burocracia es humana, demasiado humana, tanto como la mofa. Bergson también asociaba la risa con la inteligencia, la necesaria para captar este gesto pícaro en la obra, donde nos burlamos, de una vez, de las instituciones y de nosotros mismos, quienes, pese a todo, nos entregamos al alegre escarnio. Pues en este mundo de burocracia absoluta a nosotros los ciudadanos qué nos queda, no hay manera de escapar de las tramas institucionales, a menos que se descubra un pequeño intersticio, esas trampas de diseño mexicano (siendo la más común el soborno), pero como no todos los días se pueden poner en operación esos relevos, nuestra única arma parece ser reírnos.

La burla nos permite poner en entredicho los valores de esta solemnidad administrativa, su funcionamiento entero. Si las instituciones mexicanas se distinguen por ser protocolarias, la risa las cuestiona, las debate, las vulgariza. El género satírico es uno de los más antiguos en la humanidad, pues este nos permite criticar un estado de cosas que nos parece absurdo, la sátira refleja nuestra sociedad, nuestras costumbres, pero al hiperbolizarlas, lo que hace es restarles seriedad y con ellos se derriba su credibilidad.

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De acuerdo con Max Weber, hay una tendencia humana a seguir las normas y ordenamientos, más aun, a preservarlos. Se nos enseña que estas normas son las que nos permiten interactuar sin caer en el caos que la falta de estructuras sólidas podría propiciar, y sin embargo, por lo menos en nuestro país, el largo proceso de institucionalización lo que ha logrado no es una mejor convivencia entre ciudadanos ni una mayor eficiencia en su funcionamiento, sino todo lo contrario, una larga y pesada cadena de inútiles sucesos que sólo garantizan su propia continuidad.

La burocracia es una expresión de poder, analizado de un modo Foucualtiano, el poder de las entidades para tener nuestro cuerpo atrapado en una fila, callado y obediente. Las instituciones despliegan en ese acto que su tiempo es más importante que el de cualquiera en esa fila, el rito de la espera, que muchas veces sería innecesario, es un dispositivo disciplinante, esa es su verdadera función. Esa fila acordonada es como las rejas de las cárceles, como los pupitres de las escuelas, como la camisa de fuerza del sanatorio. Un condicionante de nuestro comportamiento.

En su libro sobre la burocracia Max Weber aseguraba que “la suerte material de las masas depende cada vez más de la marcha regular y correcta de las estructuras cada vez más burocráticas del capitalismo privado. Y esto hace que cada vez resulte más utópico el intento de eliminarlas.” A pesar de las tentativas de modernización del estado mexicano, la mayoría de sus actividades resultan insufribles, incluso los centros de atención telefónica, desarrollados para una supuesta agilización de trámites, son la pesadilla posmoderna.

Ante estas torturas cotidianas, N. Samara nos propone esta parodia, una instalación que se erige a través de la comicidad. Así nosotros participamos gozosos de una actividad en la que no se nos compele, como en el ámbito cotidiano, para poder hacer mofa de esta situación. No siendo un escenario real de violencia burocrática, la obra se nos presenta en ese estadio intermedio que le da el ámbito estético, donde nos refleja de manera tan semejante, que nos incita a la risa, con toda la irreverencia que esta comporta. Tal vez esto no cambie nuestra situación material, pero al menos nos permite expresar nuestra oposición a ella.

Después de formularios, filas y esperas, ¿qué nos aguarda en la misteriosa sala? Sin restarle importancia a ese pequeño acervo, las obras, los videos y los libros, no son más que el último gesto de esta acción que se desenvuelve como una matrioska, haciendo aparecer la oficina dentro de la oficina, dentro de la oficina; barroca instalación donde la picardía nos permite una socarrona risa de alivio de nuestra penosa realidad.

2013-12-22 15.08.24Registro fotográfico de Víctor Mora

Esta instalación se abrió al público el 7 de octubre de 2013 y podrá ser visitada hasta el 9 de febrero de 2014.

Yunuen E. Díaz Velázquez

Enero 2014

Yunuén Díaz
Yunuén Díaz
Escritora, crítica de arte y académica. Ganadora del Premio de Literatura Joven “Delfina Careaga” 2014. Becaria del programa “Jóvenes creadores: Letras. Crítica de arte” FOCAEM 2013. Ha colaborado en revistas diversas de arte y literatura con reseñas, crítica y poesía. En 2010 fue invitada por el Instituto Nacional de Bellas Artes para presentarse dentro del ciclo “Nuevas voces de la literatura mexicana”. Participó en 2010 en la serie Arte-shock de TV UNAM. Ha publicado los libros de poesía: Vértigo y fruto (2008) Aromarena(2009) y el libro de ensayos La Feria de la Carne, itinerarios subversivos del cuerpo en el arte contemporáneo (2012). Es Doctorante en Arte, Imagen, Cultura y Sociedad en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, donde también colabora como docente.

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